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Gracias por todo, Señor

Señor, te agradezco todas y cada una de las cosas que me has dado; por todas las bendiciones que en tu infinita misericordia me has regalado. No, no las merecía, ni una sola de ellas pero Tú, Tú quisiste bendecirme con todas.

Señor, también te agradezco por las cosas que no me has dado aún y cuando te las he pedido, en ocasiones, insistentemente y Tú en tu infinita sabiduría me las has negado; casi nunca sé qué y cómo pedir con inteligencia y a pesar de ello, el Espíritu Santo intercede por mí.

Pero Señor, hoy te agradezco una tercer cosa, algo que antes no te agradecía por ignorancia o necedad, o quizás simplemente por orgullo: te agradezco por todo aquello que me has quitado. Sí, lo que teniendo un día, en tu infinita soberanía, decidiste retirar de mi alcance y pertenencia. No siempre entiendo los "porqués", pero en verdad te lo agradezco y también te suplico, te ruego que me hagas entender los "paraqués", aunque al final de la historia, sé que todo apunta siempre a "ser conformado a la imagen de Cristo".

Hoy me parece escuchar a Pablo...


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