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¿Y si caigo, Señor?

Señor, sé que me tienes en el frente para que avance, pero, tengo mis dudas.
¿Y si no alcanzo a llegar hasta las líneas enemigas?
¿Y si el trayecto a la trinchera enemiga está minado y caigo?
¿Y si los francotiradores contrarios son más hábiles que mis reflejos?
¿Y si apenas doy un paso y mi vida termina?
¿Y si voy a...?
¿Cómo dices Señor?
Sí, escuché pero dímelo otra vez. Sí Señor. No más dudas.
Sí Señor. Entiendo. Comprendo que en mi debilidad, Tú perfeccionas tu poder. Se lo dijiste a Pablo pero creí que nunca me lo dirías. Perdona mi incredulidad.
Sí Señor. Si llego a las líneas enemigas, sé que hacer; llevo Tu Mensaje, Tu Palabra, Tu Evangelio en mi alforja.
Gracias por hablarme. Gracias por reconfortarme. Gracias por explicarme, Señor. Ahora me queda claro:
Si doy TAN SOLO UN paso rumbo al lugar a donde me has enviado y mi vida termina allí mismo, ¡hay victoria, porque te he obedecido!
Señor, quédate a mi lado. Gracias por amarme y por rescatarme. Gracias por permitirme amarte. Ahora...

¡Avanzo a la batalla!


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