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Hazme famoso, Señor

Y bueno, me gustaría ser famoso. Sí, famoso. ¡Te imaginas! ¡FAMOSO!... Oye, que palabra tan rara: "F-A-M-O-S-O". "f.a.m.o.s.o". "FaMoSo". Después de repetirla muchas veces, pareciera que pierde significado y es solo una combinación caprichosa de seis letras:
famosofamosofamosofamosofamosofamosofamoso
En todo caso, "ser famoso" suena bien. Pero, ¡espera! No, no es esa fama que estás pensando de la que hablo. ¿Cómo explicar este asunto?
Mira, lo que me gustaría es que un día, al pasar frente a dos personas, se escuche la siguiente conversación:
—¡Hey! ¿Ya viste quien va allí?
—Sí, es él.
—¿Cuál es su nombre?
—¿Su nombre? No lo sé. Solo sé que es un un esclavo de Jesucristo, un siervo fiel del Dios Altísimo.
Así de famoso quiero ser. Sin nombre, sin popularidad, sin fama propia...
Que mi vida sea por y para ti Señor: ¡hazme así de famoso!


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